A nivel país estamos viendo lo que por años no quisimos enfrentar: la violencia en los colegios no nace en la sala de clases, viene desde hogares quebrados, entornos sin límites y una peligrosa normalización de la violencia, a raíz de factores estructurales (sociales, económicos), factores impulsores del delito (acceso a las armas, drogas, otros); debilitamiento institucional.
Desde una mirada táctica, medidas como cámaras o pórticos detectores de metales pueden cumplir un rol de control y pesquisar elementos que pueden causar daño a terceros, evitando en algunos casos una acción determinada. Sin embargo, no solucionan el problema de fondo. A esto se suma que seguimos incorporando protocolos y descansando en papeles y más papeles que, en la práctica, cuando enfrentamos una situación real de violencia, terminan siendo letra muerta, con distintas consecuencias hasta la muerte.
En este contexto, el entorno donde se mueven los estudiantes es determinante: familia, barrio y amistades moldean su conducta, y muchas veces ese entorno está marcado por violencia, consumo de alcohol y drogas, y abandono parental en distintas formas. Cuando se pierden normas y contención, aparece la anomia, donde ya no hay claridad sobre lo correcto o incorrecto. Así, la violencia se normaliza como forma de resolver conflictos, trasladándose directamente al colegio, debilitando la convivencia, el respeto hacia docentes y el cumplimiento de normas básicas.
Aunque el sistema educacional y judicial sancione, necesario, por cierto, el problema persiste porque el origen no se interviene. Seguimos reaccionando frente a las consecuencias en vez de prevenir.
Para esto debemos fortalecer el trabajo preventivo desde lo local y desde un enfoque de la seguridad humana, uniendo al municipio, las comunidades y los colegios en un esfuerzo común, poniendo en el centro a nuestros jóvenes, escuchándolos, acompañándolos y ofreciéndoles oportunidades reales; recuperando el barrio como un espacio de cuidado, encuentro y apoyo mutuo, donde la familia y la escuela actúen a tiempo, con cercanía y compromiso, antes de que la violencia aparezca, porque prevenir también es cuidar, reconstruir vínculos y devolver esperanza a quienes hoy más lo necesitan.
Claudio Loaiza Vidal
Asesor de Seguridad Privada /Analista Criminal UAH
Conductor Programa «Seguridad en la Radio» de Radio Chiloé










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